El movimiento en tiempos de una educación inmóvil.









EL MOVIMIENTO EN TIEMPOS DE UNA EDUCACIÓN INMÓVIL.

La educación es uno de los pilares  más importantes de la sociedad, y es preocupante que se este quedando atrás, amurallada, análoga en un entorno lleno de nuevas digitalidades que emergen segundo a segundo. El ámbito educativo se encuentra en una encrucijada, pues debe poder alcanzar las necesidades de los individuos que continuamente cambian y re-piensan su manera de construirse,  de aprender y de emplazarse en el 🅜🅤🅝🅓🅞.

Así mismo este sistema educativo debe también ser capaz de rescatar y aplicar otras subjetividades que ya estaban presentes, que han estado junto a él , pero que por mucho tiempo y hasta la fecha han sido excluidas, por ser consideradas limitantes para los métodos educativos que se imparten. Optando por construir una burbuja donde la diversidad comunicativa y de enseñanza es un imposible, dejando fuera minorías como las discapacidades auditivas o visuales e incluso físicas, renunciando a una cultura educativa inclusiva.

El rescate de estas subjetividades y su inclusión son un proceso arduo, ya que dentro del medio educativo como del social, se debe comenzar a introducir un nuevo pensamiento donde la diferencia es posible,  donde la empatía esta presente y la consciencia del otro activa. En una utopía educativa  un salón de clases debería poder recibir a cualquier individuo, el docente debería conocer los diferentes tipos de comunicación  y como ejercerlos para poder transmitir conocimiento,  así como los alumnos deberían contar igualmente con estas habilidades, las cuales les permitirían construir una comunidad social inclusiva dentro y fuera de un salón de clases. Sin embargo la realidad es otra, un ejemplo es la lengua de señas, hablemos específicamente de la Lengua de Señas Mexicana (LSM). 

La lengua de señas no es universal, cada país cuenta con su lengua pues las gesticulaciones y movimientos cambian según la región, por eso hablamos de LSM.  Es importante saber esto para poder entender la magnitud de conocimiento con la que no contamos.  México es un país con  un poco más de 129 millones de personas donde casi el .5% cuenta con discapacidad auditiva según el estudio realizado en 2017 por el  INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía).  Lamentablemente el  porcentaje de personas oyentes que conocen y practican el LSM  es casi inexistente, es difícil imaginar que la realidad es que más de 645,000 personas con discapacidad auditiva van por las calles de un país que puede y no los  quiere entender. 

Hace unos días navegando por redes sociales me tope con un post que mencionaba que el repentino interés por aprender lengua de señas no era más que una moral disfrazada que decidió mostrarse  hasta que la cultura de inclusión apareció, pero entonces ¿deberíamos agradecer a esta moral disfraza que pudo despertar un poco de interés por estas minorías?, que con su poca o mucha fuerza han derribado poco a poco varios muros que las encerraban. Para poder comenzar con  cambios dentro de los sistemas educativos es forzoso que comencemos a crearlos afuera, en el entorno social,  creando necesidades a los cuales la educación escolar deba responder, deba cubrir, es un trabajo en conjunto,  donde las ideas fluctúan en un entorno y se arraigan en el otro, donde no solo se vuelve obligatorio, se vuelve necesario, dejando atrás esa idea de requerir la presencia de una persona con alguna discapacidad para poder preocuparnos por incluirla.

Aunque si bien es cierto en las últimas décadas esta cultura de inclusión educativa ha tomado fuerza y ha dejado atrás ese rincón de abandono donde había estado por mucho tiempo, aún queda mucho camino que recorrer, y muchos discursos que reformular, para seguir dando paso a la posibilidad de visualizar nuevas formas de comunicación y trasferencia de conocimiento, invalidando el habla como la única y legitima.







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